viernes, 2 de julio de 2010

Artículo del diario El País: Mi jefe es demasiado diplomático

REPORTAJE: PSICOLOGÍA

Mi jefe es demasiado diplomático

Peor que un líder déspota y autoritario es el líder blando que quiere quedar bien con todo el mundo y no se enfrenta a los conflictos, lo que genera desánimo y frustración en su equipo.

Los que dirigen la actividad a la que dedicamos la mayor parte de nuestra vida despierta, el trabajo, influyen de manera decisiva en nuestra felicidad cotidiana. Un mal jefe condiciona de tal manera nuestro día a día, que puede ser causa de apatía, depresión o incluso de una baja laboral.

En el cliché del dirigente a temer se suele mostrar la personalidad autoritaria, que no atiende a razones y carga todas las culpas sobre sus subordinados. Sin embargo, ese no es el perfil más nocivo. Hay algo aún peor que tener un jefe exigente e inflexible: sufrir un líder blando que quiere contentar a todos y, por lo tanto, no toma decisiones ni es justo con sus empleados.
El diplomático resulta muy agradable al principio, pero cuando llegan los conflictos, su equipo queda indefenso debido a su falta de liderazgo. Detrás de su aparente moderación y timidez hay una persona que no se moja porque tiene miedo de equivocarse o de ganarse enemigos. Este perfil tan común en algunas empresas huye de los valores de la autoridad tradicional, pero a cambio ofrece más problemas que soluciones.

El líder clásico

“Los diplomáticos solo son útiles cuando hace buen tiempo. Cuando empieza a llover, se ahogan con cada gota”
(Charles de Gaulle)

Que hayamos superado el modelo de jefe déspota y jerárquico no significa que no debamos rescatar algunas de sus virtudes, ya que toda nave debe ser capitaneada si quiere llegar a puerto.

Según la recordada Mercè Sala, que dirigió Renfe y el metro de Barcelona, el líder clásico se caracteriza por la toma de decisiones y la resolución de problemas. Antepone las necesidades de la organización a las de los empleados y se apoya en determinadas reglas que hace cumplir a su equipo. En cierto modo, representa la autoridad patriarcal llevada al mundo de la empresa.

En el siglo XXI, en muchas organizaciones esta figura ha sido sustituida por el gestor sin carisma que hace su trabajo y rehúye los problemas. Muchos empleados se desesperan porque su jefe nunca se define e intenta quedar bien con todo el mundo, mientras se acumulan los problemas y las injusticias. Este líder blando puede acabar haciendo más daño que el líder duro y autoritario.

En su libro El encanto de Hamelín, Mercè Sala cuestiona así este tipo de liderazgo: “Cuando una organización está muy burocratizada existe la tendencia a no tomar decisiones por miedo a equivocarse. En esta clase de empresa ya no hay un líder que dirija, sino un administrador que sigue la normativa al pie de la letra y es incapaz de detectar los problemas. Por este motivo predomina la ineficacia. (...) Un líder de verdad debe tener el estómago fuerte; liderar no es un plato apto para aquellos que tienen miedo a equivocarse o a crearse enemigos; tampoco lo es para aquellos que necesitan pruebas definitivas antes de tomar una decisión”.

Los daños colaterales de esta clase de dirección son:

• Apatía de los empleados, que se sienten parte de una maquinaria gris donde todo funciona por inercia y cualquier propuesta caerá en saco roto.

• Frustración por la desidia de la empresa ante problemas que se podrían solucionar fácilmente y que se enquistan.

• Fricciones dentro del mismo equipo, que se ve obligado a autogestionarse, con lo que se imponen los caracteres más dominantes y, a menudo, tiránicos.

• Sentimiento de inutilidad y de pérdida de tiempo, lo que conduce a aplicar la ley del mínimo esfuerzo.

El líder blando
“Nunca se debe permitir que continúen los problemas para evitar un conflicto, puesto que no se evita, solo se retrasa por hacerse más grande” (Maquiavelo)

Las personas que trabajan en esta clase de entorno laboral se sienten desorientadas y sin motivación. Haciendo un símil con un equipo de fútbol, el entrenador blando sería aquel que no logra imponer una idea de juego, con lo que el equipo se arrastra por el campo a la espera de que un golpe de fortuna haga entrar la pelota. Quien no sabe “a qué juega” tampoco sabrá gestionar las diferencias entre los jugadores, con lo cual en el vestuario acaba mandando la mafia de los más fuertes. Resultado: fracaso asegurado para todos.

Sin recurrir al modelo autoritario, el liderazgo efectivo es el que ejerce el entrenador que dirige así a su equipo:

• Transmite unos objetivos comunes y un estilo claro que da identidad.

• Escucha a cada uno de los jugadores y se asegura de que entienden el funcionamiento del sistema. Aprovecha sus virtudes individuales para el juego colectivo.

• Actúa de juez ante cualquier conflicto que se desata en el grupo y procura que no salga del vestuario.

• Cuando uno de los jugadores es irrecuperable y lastra el rendimiento general, lo aparta para que no intoxique el tono general del equipo.

Pero si nos toca en suerte un líder blando tendremos que buscar cómo sobrevivir. El consultor especializado en recursos humanos Roberto Debayle sugiere lo siguiente ante el jefe que evita el conflicto a cualquier riesgo y no se moja: “Mi recomendación para un empleado con esta clase de jefe es que haga lo que su superior no hace: pedirle verbalmente el liderazgo que necesita y conseguir compromisos por escrito, si es una persona poco asertiva a la hora de dialogar”.

Si nos dirigimos a él o ella con tacto y nuestro discurso es razonable reaccionará con moderado agradecimiento, además de con cierta sorpresa. Dado que su principal preocupación es conservar el puesto, hará los movimientos necesarios para corregir los defectos de su gestión para poder proseguir su silencioso liderazgo.

Cinco jefes indeseables

“Es más temible un ejército de cien corderos guiado por un león que un ejército de cien leones guiado por un cordero”
(Charles Maurice)

La consultoría Otto Walter realizó hace unos años una encuesta entre más de 750 profesionales de nuestro país para que calificaran a sus directivos. Entre los modelos de líder más criticados estaban los siguientes:

1. El irrespetuoso y prepotente. Tiene los peores vicios del jefe tradicional. Es aquel que humilla a sus empleados en público, se expresa a gritos y es vanidoso. Esta clase de dirigente consigue mantener el orden, pero no inspira ni motiva a sus subordinados.

2. El que no escucha. Bastante común. No se puede dialogar con él o ella porque solo se escucha a sí mismo. A menudo vive las aportaciones de su equipo como un peligro para su gestión.

3. El que es incapaz de apoyar a su equipo. Por miedo o por falta de personalidad, da la espalda a sus empleados cuando los debe defender ante un superior o un cliente. Esta actitud crea un gran sentimiento de desazón en la plantilla.

4. El que se cierra en su despacho. No le gusta relacionarse con los empleados y, cuando habla, parece que lo haga en otro idioma. Vive en un mundo de cifras o abstractos objetivos, lejos de la realidad de su equipo.

5. El que no sabe lo que quiere. Depredador terrible para el equilibrio psicológico de su gente, el líder que cambia constantemente de opinión o no da instrucciones claras arrastra a los suyos hacia una deriva que es peor que el “ordeno y mando”.

Entre estos modelos negativos, aunque el primero parece el menos dañino, no se adecua en absoluto a las necesidades de nuestros tiempos, en los que los equipos necesitan maniobrar con creatividad y autonomía ante los cambios.

Pedro Padilla, que ha dirigido la corporación Televisión Azteca, hace al respecto la siguiente reflexión: “Más que duro o blando con sus empleados, deberíamos hablar del líder justo o injusto. No sirve de nada un líder blando, pero injusto; a la mayoría de los empleados no les importa que su líder sea duro, siempre que proceda con justicia y dé a cada uno lo que le corresponde”.

Tal vez ahí esté la clave: actuar con justicia y reconocer los méritos de los demás puede bastar para, una vez fijado el objetivo común, volar todos en la misma dirección.

Esa es una lección que no solo deberían aplicarse los jefes y jefas con asalariados. También los padres deben ejercer una autoridad motivadora e inteligente con sus hijos, por no hablar del difícil ejercicio de gobernarse cada uno. A la hora de ser justos y de detectar los problemas hay que empezar por uno mismo.

¿Sumisos o combativos?


“Padres, maestros y hombres de negocios han conspirado inconscientemente para producir un país de tímidos. En la infancia muchos padres censuran a los hijos que se atreven a defender sus derechos. Los maestros premian a los estudiantes que no discuten el sistema educativo y tratan con dureza a los que lo cuestionan. Todo empleado aprende, al empezar su carrera, que si protesta no es probable que reciba un aumento o un ascenso. Después, esta actitud se extiende a la vida familiar y social”. Herbert Fensterheim, No diga sí cuando quiera decir no.

Recomendaciones
Para líderes eficaces


1. Libros
• ‘No diga sí cuando quiera decir no’, de Herbert Fensterheim y Jean Baer (DeBolsillo).
• ‘El encanto de Hamelín’, de Mercè Sala (Alienta).

2. Películas
• ‘El club de los poetas muertos’, de Peter Weir (Walt Disney).
• ‘Los indiferentes’, de Francesco Maselli (CristalDFilm).


Fuente: diario El País de España 
http://www.elpais.com/articulo/portada/jefe/demasiado/diplomatico/elpepusoceps/20100627elpepspor_6/Tes

domingo, 16 de mayo de 2010

Para la reflexión...Les parece familiar?

Como lo escribí en una de las primeras entradas de éste blog, antes de alcanzar la calidad de servicio o producto debe alcanzarse la Calidad Humana. El texto que les dejo aquí para la reflexión lo he tomado de la página web del diario español El País, escrito por Raymundo Riva Palacio. El artículo se llama "¿Por qué lloramos, mexicanos?", pero muy bien podría ser cambiada la nacionalidad por venezolano, colombiano, peruano. ¿Qué opinan?, publiquen sus comentarios.

¿Por qué lloramos, mexicanos?

Lamentamos la corrupción, pero en pequeños actos indebidos, la fomentamos cotidianamente
Estamos escandalizados. La última novedad en México es que uno de los grandes capos del narcotráfico tenía en su poder toda la información de inteligencia y operativa de las fuerzas federales que tratan de arrestarlo desde hace casi una década. Nos asombra que haya penetrado las estructuras militares y policiales y que quienes lo buscan sean también quienes lo protegen. Claro, decimos, la corrupción de los cuerpos de seguridad. Claro, subrayamos, tenían que ser los gobiernos corruptos. Listo. Con la denuncia expiamos nuestras culpas, aunque no la realidad.
¿Qué se necesita en México para ser un delincuente? La respuesta rápida y altamente polémica es: ser un mexicano ordinario con las autoridades que tenemos y merecemos. No nacimos en la ilegalidad, pero los usos y costumbres mexicanos, nos llevan a ella. Hay mucha permisividad. La corrupción está extendida, la ley laxa, los incentivos para no estar fuera de los márgenes legales son muy pocos, contra los incentivos para vivir siempre en la irregularidad.
En 2008, Transparencia Mexicana reportó que había 197 millones de actos de corrupción en México -casi dos por cada habitante- que habían tenido un costo de 27.000 millones de pesos (poco más de 2.000 millones de dólares), de cuyo total el 56,2 por ciento se había ido en evadir infracciones de tránsito. Si uno piensa como mexicano, simplemente no considera que eso no es común en muchas sociedades. Pero en México las transacciones ilegales entre ciudadanos y policías son tan cotidianas, que lo inusual es que un infractor prefiera la sanción a comprar su carné de impunidad con la autoridad, porque así la vida es más fácil.

Si un policía de tránsito detiene a un infractor, lo primero que le pide son sus documentos. La violación de una luz roja o a una invasión de zona peatonal puede ser el pretexto para que el policía -cuidado, siempre hay excepciones- empiece a describir todos los posibles delitos del infractor, con el fin de inhibirlo y amedrentarlo. La salida es una rutina: 10% de la multa, aproximadamente, entregada discretamente en la palma de la mano del policía y, en menos de cinco minutos, sigue uno su camino. Si por el contrario, el infractor no ofrece soborno, casi tendrá que suplicar para que lo multen y lo dejen ir, con demoras que pueden ir de 20 a 45 minutos, según el carácter del policía.
Caminar dentro de la ley es una pérdida de tiempo. Es más rápido repartir unos cuantos billetes al hacer un trámite municipal, que esperar una hora a que lo atiendan. Es mejor interceptar un vehículo de servicio de electricidad o de telefonía, y pagarles una compensación para que en ese momento acudan a su domicilio a repararles algún daño, que esperar días, o semanas, o inclusive meses, en ser atendido. Es mejor pagar a un camión para que se lleve la basura de una calle o una pipa de agua que resuelva el abasto, a esperar a que los servicios municipales cumplan a tiempo con el trabajo que se supone sufragan los impuestos.

Por fallas e ineficiencias del Gobierno, estableció recientemente el Foro Económico Mundial, la corrupción en México equivale al 9% del Producto Interno Bruto. Las propias empresas mexicanas, de acuerdo con el Centro de Estudios Económicos y Sociales del Sector Privado, invierten 10% en sobornos, sobre todo en los trámites que tienen que hacer cotidianamente para mantenerse competitivas.
¿Por qué respetar la ley? Después de todo, ni siquiera las autoridades lo hacen en sus acciones más básicas. Las autoridades son las primeras violadoras de la ley. Si es a nivel de tráfico, son quienes más irregularmente circulan por las calles. Si es a nivel de gestoría, es a los gestores ilegales, llamados coyotes, a quien primero atienden por la comisión que reciben. Un pequeño regalo puede agilizar un trámite o resolver un nudo burocrático. Los policías piden una atención, "para los refrescos", que es una especie de idioma universal en el submundo de todo es posible si se está dispuesto a transar con dinero.
Vivir en el lado legal de la vida mexicana, para muchos, es vivir en el error. Después de todo, siempre hay arreglo. Cuando hay elecciones en el horizonte, las autoridades han llegado a condonar todas las multas de tránsito para ganar votos. En tiempos electorales, también se ha dado otro tipo de casos, como cuando se van acumulando evasores de impuestos, se promueven perdones fiscales a cambio de que empiecen a pagar a partir de ese momento. A los famosos se les dan facilidades para que resuelvan sus problemas con el fisco y sólo los cínicamente reincidentes tienen problemas con la autoridad; a intelectuales y artistas se les permite pagar con obra. Todo se puede. Entonces, ¿de qué nos quejamos?
Es muy cierto que la delincuencia organizada tiene dentro de sus nóminas a policías, militares, políticos, empresarios y periodistas, pero no son los principales corruptores dentro de la sociedad. Es la sociedad misma donde la cultura de la corrupción está acendrada, aceitada y estimulada.
Nuestros hijos pagan a cantineros para que les den bebidas alcohólicas aunque sean menores de edad, o en los casos más refinados, por escasos 100 dólares pueden conseguir una identificación falsa en el centro de la ciudad de México, y por 120, una nueva acta de nacimiento con el nombre que se quiera. El 28,8% de los mexicanos que viajan, regresan a México con contrabando, y cada vez que pasamos por aduanas nos tensamos al momento de pensar que quizás en el semáforo fiscal -mediante el cual se revisa aleatoriamente a los viajeros- apretemos el botón rojo que lleva a una revisión nuestro equipaje en automático.
La incredulidad sobre los lineamientos de las autoridades, nuestro desprecio a las disposiciones legales y nuestra displicencia ante los mandatos son proverbiales. Durante meses se anunció que a partir del pasado abril, todos aquellos que tuvieran teléfonos móviles tendrían que registrarlos por razones de seguridad. Si no lo hacían, se anunció, serían canceladas las líneas. En el último día para registrarlo seis millones de personas quisieron hacer el trámite, que una semana antes les habría significado cinco minutos máximo, y que para la saturación del final del plazo, se llevó hasta ocho horas. Por lo mismo, la autoridad decidió dar una prórroga de casi una semana. Una vez más, se crearon incentivos para quienes optaron por jugar contras a la legalidad.
¿Por qué nos asombramos entonces de que los delincuentes compren lo que quieran? Nosotros mismos lo hacemos, en nuestra propia escala, chapoteando todos los días en la cultura de ilegalidad que nos abraza. No lloremos ahora. Muchos de nosotros formamos parte de esa vida delincuencial. Aunque no matemos personas, sí estamos cometiendo un crimen, al ir aniquilando gradualmente los principios y valores que la dan cimentación, fortaleza y destino a una sociedad.

Fuente:

sábado, 15 de mayo de 2010

Principios de Gestión de la Calidad 5: Enfoque de Sistema para la Gestión


Identificar, entender y gestionar los procesos interrelacionados como un sistema, contribuye a la eficacia y eficiencia de una organización en el logro de sus objetivos.


Aplicar el principio de enfoque al cliente generalmente conduce a:



  • Estructurar un sistema que permita a la organización alcanzar sus objetivos de la manera más eficiente y efectiva.

  • Entender las interdependencias entre los procesos del sistema.

  • Enfoques estructurados de tal manera que permitan armonizar e integrar los procesos.

  • A un mejor entendimiento de las funciones y responsabilidades necesarias para alcanzar objetivos comunes y de ese modo reducir barreras entre distintos sectores de la organización.

  • El conocimiento de la capacidad de la organización y establecimiento de recursos limitados antes de actuar.

  • Delimitando y definiendo dentro de que actividades específicas va a operar el sistema.

  • Mejorando continuamente el sistema a través de mediciones y evaluaciones

Principios de Gestión de la Calidad: 4 Enfoque basado en Procesos

Un resultado deseado se alcanza más eficientemente cuando las actividades y los recursos relacionados se gestionan como un proceso.


Aplicar el principio de enfoque al cliente generalmente conduce a:
  • Definir sistemáticamente las actividades necesarias para obtener los resultados deseados.
  • Analizar y medir la capacidad de los procesos claves
  • Identificar las interfases de las actividades claves dentro y entre las funciones de la organización.
  • Prestar atención a factores como recursos, métodos y materiales que mejoren las actividades claves de la organización.
  • Evaluar los riesgos, consecuencias e impactos de las actividades en clientes, proveedores y otras partes involucradas.
Beneficios principales:


  • Menores costos y ciclos de vida más cortos a través de un uso efectivo de recursos
  • Resultados en ascenso, consistentes y predecibles
  • Oportunidades de mejora focalizadas y priorizadas
Fuente: Norma ISO 9000: 2005

domingo, 9 de mayo de 2010

Principios de Gestión de la Calidad: 3. Participación del Personal

El personal, a todos los niveles, es la esencia de una organización y su total compromiso posibilita que sus habilidades sean usadas para el beneficio de la organización.


Aplicar el principio de enfoque al cliente generalmente conduce a:


  1. Definición sistemática de las actividades necesarias para obtener los resultados deseados.
  2. Definir sistemáticamente las actividades necesarias para obtener los resultados deseados.
  3. Analizar y medir la capacidad de los procesos claves
  4. Identificar las interfases de las actividades claves dentro y entre las funciones de la organización
  5. Prestando atención a factores como recursos, métodos y materiales que mejoren las actividades claves de la organización.
  6. Evaluando los riesgos, consecuencias e impactos de las actividades en clientes, proveedores y otras partes involucradas.
¿En tu organización se promueve la participación?

Fuente: ISO 9000:2005

Principios de Gestión de la Calidad: 2. Liderazgo

Los líderes establecen la unidad de propósito y la orientación de la organización. Ellos deberían crear y mantener un ambiente interno, en el cual el personal pueda llegar a involucrarse totalmente en el logro de los objetivos de la organización.


Aplicar el principio de enfoque al cliente generalmente conduce a:

  1. Personal que entiende la importancia de su contribución en la organización
  2. Personal que identifica los límites para su desempeño
  3. Personal que acepta la responsabilidad sobre los problemas y de sus soluciones
  4. Personal que evalúa su desempeño con respecto a metas y objetivos individuales
  5. Personal que activamente busca oportunidades para mejorar su competencia, conocimiento y experiencia
  6. Personal que comparte libremente conocimiento y experiencia
  7. Personal que abiertamente discute los problemas y sus soluciones
¿Qué tipo de Líder eres? ¿Líder o Gerente/Jefe cuentanos?

Fuente: Norma ISO 9000: 2005